Acompáñame en esto que llamamos
pintar, juguemos juntos a mezclar colores. En ese lienzo que solo tú y yo
conocemos he decido dejar lo mejor de mi, lo mejor de mi solo para ti. Un trazo
y otro y otro, y el juego sigue, y te sonrío de color amarillo y me miras de
color rojo, y entonces el blanco lienzo se marca con cada gesto que lo hace
multicolor. Ven, acércate un poquito más y susúrrame el color de tu aliento en
mi oído. Deja que mis besos te llenen de colores, ¿Los recuerdas? Bésame tú a
mi, que muero por cerrar los ojos de nuevo y ver los colores de ese paraíso de
sensaciones. Deja que te quiera en color celeste, en escala de grises.
¿Y si
quiero ser un punto blanco dentro del negro? Quiero admirar esta pintura, que
tus colores y los míos, siendo tan diferentes, estructuren un matiz ideal. Eres
mi artista, el que pinta cada día mi sonrisa, el que dibuja los amaneceres más
perfectos, el que pinta el sol de cada verano y me abriga en los inviernos de
hielo. Tú, mi querido pintor de recuerdos, tienes el permiso para contonear mi
cuerpo, para hacer de él la obra que quieras. Lo tienes todo, te regalo los
colores de mi mirada, te dedico cada palabra iluminada, mis sentidos son tuyos,
suspiro por ti, río por ti, escribo por ti, pinto por ti. Te doy mi mano coloreada
para apoyarte cada vez que me necesites. Mis abrazos son tuyos, toma uno cuando
quieras. Aquí estoy, llena de colores para cada ocasión. Tú mi Huor, yo tu Nindë.
Y si recorro con el pincel cada
uno de tus bordes, ¿Dejarías que grabe en mi cabeza tu color? Permite que te
seduzca con cada pincelada, que te acaricie, que te haga cosquillas, que
suscite sonrisas en ti.
¿Me permitirías dibujarte todas y
cada una de las constelaciones?
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