Bajo la intensidad de la noche,
bajo el cielo tan profundamente oscuro, te veo, tus ojos, un impensable
pensamiento, que se desliza poco a poco por mi cabeza. Y mi cuerpo te siente,
sin tocarte, sin tenerte. Estás a mi lado, puedo notarte entre la espesa
oscuridad, puedo verte sin mirar. Y tu aliento, me acaricia poco a poco,
besando mis hombros con ese delicado gesto, y tu dedo, puedo sentir cómo
desciende por mi espalda, jugando a hacer figuras. Me
abrazas, me das calor con tu tacto, tus manos se mueven al canto de las
sensaciones. Ven, acércate, mírame a los ojos, siénteme. Piérdete en mi mirada
y prometo perderme en la tuya, sé que es un laberinto complejo, sé que no es
fácil, entrar y mucho menos salir. Pero, quiero que sepas que estoy dispuesta a
correr el riesgo, que es lo que quiero, lo que necesito. Abre un espacio para mí.
Juro que no vengo con malas intenciones, prometo que no deseo lastimar, dame la
oportunidad de quererte, deja que te llene de todo lo que puedo dar. Permite
que mi luz alumbre un poco tu oscuridad perdida, déjame encontrarte allí, sanar
todas las heridas.
En un trozo de papel se desliza suavemente una pluma. Si la hoja es blanca y la tinta negra, ¿de qué color son las ideas? La imaginación viaja a un mundo lleno de colores donde encuentra, en cada recóndito lugar, una letra, una palabra una frase. Las recoge, las observa, las disfruta, poco a poco danza con ellas en el baile de la escritura y se deja llevar por las más hermosas melodías que se marcan por el compás de la pluma que mancha de negro el perfecto blanco de una simple hoja.
jueves, 5 de julio de 2012
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