jueves, 13 de febrero de 2014

"Guanguaco del adiós"


"Si acaso me ves por esos caminos que recorrimos olvida que los pasamos" 

Hoy volví a ver la luna, esa que creí nos perteneció en algún momento, esa a la que mil veces le pedí que lo cuidara, esa que fue la inspiración y la dueña de nuestras fantasías, de nuestros sueños, sueños que se quedarán allá, en el lienzo que alguna vez pintamos y que al parecer ya no se encuentra a nuestro alcance. 

Existe un pedacito de cristal roto, perteneciente a no sé qué, que se encuentra clavado en lo más hondo de mi alma, siento que a veces ese cristal me mata y lentamente se va convirtiendo en lo que a mi me parece un sentimiento de odio. Recuerdo que le prometí alguna vez que no lo odiaría jamás, quizá esa promesa se rompió en el momento en que sus mentiras embargaron aquellos momentos pasados que guardaba como un tesoro. 

No sé si lo odio, quiero pensar que no lo hago, pero si no es odio, ¿qué es? Tengo guardado un sentimiento que no me gusta, un sentimiento que quisiera sacar de mi, porque me envenena y el veneno mata, quema, duele... 

Pero entonces, a veces solo siento vacío, ¿por qué? Porque le entregué todo, y aunque no fue el primero al que amé, y aunque no podría llamarlo mi primer amor, me entregué con el alma entera a él, a nosotros, a nuestros sueños. Sueños vacíos, palabras vacías,promesas que no volverán.

Las mentiras fueron su arma más cruel, la peor de las estocadas, fue su forma de decirme que todo había sido falso, que los miles de "te quiero" y los "te amo", que jamás estuvieron acompañados de su mirada, fueron vanos. ¡Mentira! Eso fue todo, fue cerrar los ojos pensando que estaba en camino al cielo mientras él con sus engaños me llevaba al infierno. 

Es por eso que su mirada resultaba casi desconocida, tal vez porque todo él lo era. A eso se refería con sus máscaras, esas de las que pensé que se deshacía cuando estaba conmigo, pero era un engaño, porque nadie puede decir cómo es él realmente. 

¿Quien es?

No creo que él mismo lo sepa, se perdió en sus múltiples interpretaciones, en sus miles de papeles, porque él es como un camaleón, sabe cómo comportarse en cada situación, conoce bien la conducta humana, la ha estudiado para poder adaptarse a la forma que le convenga, qué conveniente, ¿no? Tengo que reconocer, aunque me duela, que caí en sus redes, caí en esa interpretación de poeta apasionado que se había enamorado perdidamente de mi, me engañó, lo reconozco, fui lo suficientemente sincera que él supo cómo llegar a mi y obtener lo que quería. Pero él se perdió en sus caracterizaciones, por eso dejó ver que todo era una mentira, porque su fachada se quemó. 

Hoy es el fin. Es la última vez que le escribo, que lo pienso y que lo lloro. Admito que ahora lo considero una persona sin valores, ni principios una que no vale la pena, sí, quizá llegué a odiarlo, pero ya no, no lo odio, lo que siento hacia él se reduce a la nada, al desprecio... Él no es nada, y el pedacito de cristal se ha venido evaporando, ya no será más. 

A veces siento que me faltó una explicación de su parte, una explicación real, porque me cansé de escuchar infinidad de versiones que él daba respecto al suceso desafortunado (o afortunado, porque descubrí lo que era realmente) realmente me quedé esperando la verdad. Pero ahora entiendo que él no sabe lo que es la verdad, porque vive en un mundo lleno de mentiras. 

Cuando me despedí de él le dije que nos veríamos un día de estos. Tal vez así sea, pero entonces, ya no seré la misma, y él estará en otra de sus tan acostumbradas mentiras. 

Confieso, que si pudiera sacarme su recuerdo, lo haría. 

Hoy prometo que lo olvido, porque yo jamás lo conocí, no sé quién fue, ni quien es, su nombre no existe para mi, él ahora es un desconocido.