¿De qué sirve querer? Esa pregunta ha rondado mi cabeza
durante las últimas horas. Querer, apreciar, sentir cariño por alguien. ¿A qué
te lleva? A lastimarte, a darlo todo, a agotarte, a esperar pacientemente por
aquello que no llegará. A suspirar. Pero, ¿qué es suspirar? Solo una falta de
aire, a cualquiera le puede suceder, y no tiene nada que ver con una emoción.
¿Cuáles son sus ventajas? A mi modo de ver, ninguna. Las personas que quieren
se desgastan. Ella, por ejemplo, quiere de manera intensa, se entrega
completamente al sentimiento, y, ¿qué ocurre luego? Sufre, como condenada, se
encierra bajo un mar de lágrimas que la mantiene cautiva y no la deja pensar
con claridad. Ahí se encuentra el problema de todo. Querer deja de ser una
opción, por lo menos para mí, y en este momento de debilidad de ella, ahora que
se encuentra vulnerable a causa de su estúpido sentir, es mi momento, puedo
hacer de la vida una fiesta eterna, y
entregarlo todo a aquello que sí vale la pena. Al instinto, la pasión, la
diversión. Ella lo permitirá. Está débil, se dejó ganar. Él la hizo así, la
arrastró hacia lo desconocido y la abandonó allí. De acuerdo, niña inocente, e
inofensiva, es hora de abandonarte un poco, hora de dejar actuar a quien sí
sabe cómo hacerlo, ¿sabes por qué? Porque te dejaste cegar, y me demostraste
sin pretender, que querer no trae nada bueno.
-C-
-C-
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