martes, 5 de junio de 2012

Sólo será un pequeño cambio.


¿De qué sirve querer? Esa pregunta ha rondado mi cabeza durante las últimas horas. Querer, apreciar, sentir cariño por alguien. ¿A qué te lleva? A lastimarte, a darlo todo, a agotarte, a esperar pacientemente por aquello que no llegará. A suspirar. Pero, ¿qué es suspirar? Solo una falta de aire, a cualquiera le puede suceder, y no tiene nada que ver con una emoción. ¿Cuáles son sus ventajas? A mi modo de ver, ninguna. Las personas que quieren se desgastan. Ella, por ejemplo, quiere de manera intensa, se entrega completamente al sentimiento, y, ¿qué ocurre luego? Sufre, como condenada, se encierra bajo un mar de lágrimas que la mantiene cautiva y no la deja pensar con claridad. Ahí se encuentra el problema de todo. Querer deja de ser una opción, por lo menos para mí, y en este momento de debilidad de ella, ahora que se encuentra vulnerable a causa de su estúpido sentir, es mi momento, puedo hacer de la vida una fiesta eterna,  y entregarlo todo a aquello que sí vale la pena. Al instinto, la pasión, la diversión. Ella lo permitirá. Está débil, se dejó ganar. Él la hizo así, la arrastró hacia lo desconocido y la abandonó allí. De acuerdo, niña inocente, e inofensiva, es hora de abandonarte un poco, hora de dejar actuar a quien sí sabe cómo hacerlo, ¿sabes por qué? Porque te dejaste cegar, y me demostraste sin pretender, que querer no trae nada bueno.

-C-

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