martes, 15 de mayo de 2012

Quisiera bailar a su lado.

Le pregunté alguna vez si había sentido la lluvia. Como era de esperar, se encogió de hombros, en señal de obviedad y soltó un simple "sí". Le pregunté tambien, si había bailado, y de nuevo obtuve la misma respuesta. Cerré los ojos un momento. Ultimamente, siempre era la misma situación, lo miraba, formulaba una pregunta, y a cambio recibía una misma respuesta monosílaba, una mirada al suelo.

Días despues de mis "poco comunes" preguntas, volví a formular una más. Su rostro mostró sorpresa absoluta, "¿Nubes?" me cuestionó, "¿Cómo podría haber sentido las nubes?" me preguntó, alzando la ceja perspicazmente. Lo miré desepcionada y me acerqupe a él con sutileza. "Llévame a las nubes", lo acaricié. Se soltó toscamente de mi tacto. Lo supe en ese instante, él no deseaba nada de mi. Una mirada más, interrogante, buscando saber, por qué él no desea acompañarme.

La lluvia golpea fuertemente en mi rostro, y de nuevo estaría encantada de probarla. Esta vez, es salada, y viene cargada de tristeza. Él da media vuelta, no le agrada ver cuando la lluvia desciende por mis mejillas. Pero el aguacero no cesa.

Se marcha, me deja sola. No entiende que lo unico que yo buscaba era sentir sus labios diciéndome que me quería, y que me hubiese mirado, por un momento, tan profundamente, que habría conseguido saber a qué iban mis preguntas. Solo era una invitación para que bailaramos en las nubes, mientras la lluvía nos empapaba en un gesto de felicidad.  

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